El Conejo de la Luna
Un día, el gran dios Quetzalcóatl decidió visitar la tierra, pues quería observar de cerca el mundo que con tanto amor ayudó a crear. Al bajar de los cielos, adoptó la forma de un hombre común y así pasar invisible ante los ojos de otros hombres. Después de visitar varios poblados a pie, se maravilló con la belleza de la naturaleza. Camino a través de verdes campos, escaló las montañas, nadó en los más tranquilos lagos y corrió a través de los furiosos desiertos. La emoción de examinar y bendecir cada árbol, cada campo y cada bestia hizo que Quetzalcóatl se olvidara de comer y descansar. La noche llegó al gran valle en el que se encontraba, así que se sentó a admirar el paisaje. Como había caminado todo un día, se sintió fatigado y con hambre. Entonces se sentó a la orilla del camino, para descansar, cuando vio a un conejito que había salido a cenar. -¿Qué estás comiendo?, – le preguntó. -Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco? -Gracias, pero yo no como zacate. El estómago del di...